La ciudad del Santo Reino se originó como un santuario de peregrinación religiosa desde la más remota antigüedad. Sin embargo, el rango de capitalidad de la ciudad de Jaén se ha debido desde su origen a su posición estratégica militar.
Historia urbanística de la ciudad
Origen y restos arqueológicos
Marroquíes Bajos:
La investigación arqueológica ha puesto de relieve que estamos ante una de las ciudades más antiguas de la peninsula. Y es que en el entorno de la capital, hacia final del Neolítico, existían varias macroaldeas dispersas: Puente Tablas, Huerto Berenguer y Marroquíes Bajos, siendo ésta última la que reagrupó a toda la ciudad, alcanzando hacia el 2.500 A.C. su máxima extension.
La controvertida zona Arqueológica de Marroquíes ocupa una extensión aproximada de 40 hectáreas que coincide con varios sectores del Plan General de Ordenación Urbana programada como zona de construcción de viviendas. Cuando comenzaron los primeros movimientos de tierras para la construcción se puso de manifiesto parte de la ocupación humana que esa zona había contenido desde el III milenio antes de nuestra era hasta los siglos XII y XIII y la relación que esta zona hubo de tener con lo que tradicionalmente se había considerado origen y desarrollo de la ciudad más antigua en torno al Cerro de Santa Catalina y sus laderas, lo que identificamos con la ciudad ibero-romana y medieval.
Los trabajos de Arqueología urbana acometidos en esta zona desde febrero de 1995 hasta la actualidad han permitido documentar la existencia de diversas fases culturales. De ellas, la fase más conocida por su extensión y número de construcciones es la perteneciente a la Edad del Cobre (III milenio antes de nuestra era). Se han estudiado viviendas excavadas en la roca o cabañas y otras construidas con zócalos de piedra y postes, posiblemente de madera, que sirven de soporte a techumbres de materia vegetal, silos o lugares para almacenaje, espacios dedicados a la metalurgia (con lo que ello implica del dominio humano sobre la producción de herramientas y la transformación de los minerales), estructuras de tipo defensivo, fosos y murallas, también sepulturas colectivas similares a las documentadas en 1950 durante las obras de la Iglesia de Cristo Rey en la zona de Marroquíes Altos; estas se encuentran situadas al Este, en una de las zonas más extremas del poblado. La delimitación de este poblado aún no es definitiva, en la actualidad los límites del mismo están en las líneas de fortificación y delimitación de murallas y fosos. Se han localizado cinco fosos desarrollados en círculos concéntricos con líneas de muralla en ocasiones perpendiculares a los fosos que al parecer garantiza un sistema defensivo bastante seguro; en otros casos se encuentran reforzando la parte interior del foso. La Edad del Cobre o calcolítico es una época importante en la Prehistoria, pues tras la revolución neolítica comienza a aparecer la metalurgia, la complejidad social, el control humano del territorio y la expansión demográfica en la Península Ibérica. Concretamente la Edad del Cobre en Jaén representa la consolidación de la economía agraria y la emergencia de un sistema territorial, articulado por centros importantes como Marroquíes Bajos en Jaén.
Siglos XII-XVIII
Aquella pequeña ciudad medieval del siglo XII que se ocultaba de los pasos de los ríos Guadalbullón, Otíñar y Riofrío tras la fortaleza rocosa amurallada de Santa Catalina por el sur y el este creció lentamente hacia el sur, rodeando las rocas de Santa Catalina.
El siglo XV deriva en su crecimiento hacia el este, sobre la misma dorsal que separa las vertientes hacia el norte y hacia el sur, hasta la iglesia de San Ildefonso y Puerta del Angel (hoy Alameda de Capuchinos). Desde entonces hasta hoy, un lento crecimiento hacia el sur ha extendido la ciudad hasta el pie de la Peña de Jaén, rodeando el barranco del barrio de La Alcantarilla.
El Crecimiento de la ciudad durante los siglos XVII y XVIII se produjo exclusivamente fuera de las murallas por el borde sur.
Siglo XIX
La ciudad no se extiende ya por el sur sino que el crecimiento se limita por el este al exterior de la muralla, formándose el adarve del barrio de El Recinto. Por el norte, en cambio, y alrededor de la muralla, se urbanizan los alrededores de la actual plaza de la Constitución y algunas casas aparecen al oeste fuera del Arrabalejo y Puerta de Martos. El Barrio de San Ildefonso acoge la zona comercial de la ciudad.
La expansión del siglo XIX hacia el sur había dibujado un nuevo pequeño barrio de trazado ortogonal, pero su calle principal y accesorias tienen una trama parecida a las antiguas.
Siglo XX - El Ensanche
El verdadero cambio de la morfología urbana se produciría en el siglo XX en torno a un nuevo eje de crecimiento que acaba de aparecer como consecuencia de un gran logro: la llegada del ferrocarril a la ciudad de Jaén con la construcción de la línea férrea Linares-Puente Genil, cuya estación de Jaén se localiza a un kilómetro al norte de la ciudad (hoy barrio de Expansión Norte). Dicho eje de crecimiento es lo que hoy se conoce como Paseo de la Estación.
Hasta 1931 la ciudad había crecido poco más. Aparece, con escaso caserío aún, el barrio de San Felipe, frente al Seminario Diocesano; la manzana de edificación entre la Puerta Barrera y el Paseo de la Estación se completa, se traza el eje central del llamado ensanche, la calle Arquitecto Berges, pero aún no se edifica.
Será, pues, después de la Guerra Civil Española cuando la ciudad comience su verdadera expansión ,aunque de modo aislado, en el barrio de Santa Isabel mediante una operación de promoción de viviendas económicas iniciada en la República y continuada en los primeros años del franquismo; de igual modo se promueven viviendas por encima de la carretera de circunvalación en sus dos extremos, en el barrio de Peñamefécit y en el de la Alcantarilla.
Entre los diferentes barrios de la capital quedan grandes espacios vacíos, con solares céntricos poco edificados. Dichos solares de lujo serían en los años siguientes objeto de una fuerte especulación. La celeridad en la cobertura del espacio comprendido entre el casco antiguo y la vía férrea, facilitada por la avenida que habría que traer el progreso (Paseo de la Estación) fue un mal paso que dificultó la búsqueda de soluciones para las necesidades creadas por una población en crecimiento.
La existencia de un bucle descrito por la línea férrea al norte inmediato de la ciudad ha hecho que el crecimiento se produzca buscando otras salidas como la búsqueda de otro suelo edificable, que produjo expansiones por el sur, por el este y por el oeste. El polígono del Valle expandió la ciudad hasta las Lagunillas, junto al campus de la Universidad.
Será en la década de los 70 y 80 cuando se produce por el oeste la gran operación urbanística y especulativa llevada a cabo sobre un artificioso vacío intermedio entre los ya poblados Peñamefécit y Santa Isabel; El Gran Eje o Avda. de Andalucía, bulevar de más de 2,5 km, diseñado con edificios de 10 plantas retranqueados de la línea de fachada y aislados con ajardinamiento.
El urbanismo del siglo XXI en Jaén
Al final de la Avda. de Andalucía, se formó muy rápidamente durante los 90 un gran barrio residencial, Las Fuentezuelas. Una vez agotado el espacio, el nuevo crecimiento de Jaen se ha focalizado en el norte. El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) iniciado en 1981 es base del actual en la cuestión de la expansión del casco urbano, ya que parte de una solución alternativa al trazado ferroviario que permite asegurar realmente la expansión norte (es lo que se conoce como barrio de Expansión Norte, (donde se encuentran residenciales como el Residencial Andalusí)), en abanico de este a oeste con la continuación del Paseo de la Estación con un gran Bulevar central, llamado Paseo de España junto con la construcción de bloques de viviendas a ambos lados del paseo.
En 2002 fue inaugurada la 1ª fase de ese gran bulevar y en mayo de 2007 fue inaugurada la 2ª fase con la construcción del parque Andrés de Vandelvira y actualmente está en construcción otra 3ª fase.
Fuentes públicas
La ciudad de Jaén cuenta con un gran número de fuentes históricas que embellecen sus calles. Entre otras, actualmente se cuentan las siguientes: Infraestructuras en origen romanas como Los Baños Árabes, El Balneario de Jabalcuz, el Raudal de La Magdalena, Fuente de Los Caños, Fuente del Arrabalejo, Fuente de la Merced, Fuente de la Alameda, La Fuente del Pato, Las fuentes de la Plaza de San Bartolomé.. y las recientes fuente de La Glorieta de Blas Infante, Fuente de la Carretera de Granada o las fuentes y manantiales (artificiales) del gran parque del Bulevar donde el agua y sus fuentes juegan un papel simbólico muy importante para una ciudad cuyo origen y devenir va ligado al agua.
Tal vez la paradoja más llamativa entre la ciudad actual y sus orígenes se refiera al agua. Jaén era la ciudad del agua. Nace en torno al desbordante raudal de la Magdalena, un caño de agua tan abundante que no sólo abastecía, aun en época árabe, a una población de una ciudad de unas 20 ha, sino que además también daba agua a cinco baños públicos y un importante número de huertas, y aun sobraba. Los cronistas hablaban de que su raudal alcanzaba el tamaño del tronco de un buey, brotando de la montaña.
No era el único manantial: también gozaba de consideración, entre otros, el manantial de Santa María o Caño Santo (bajo la Catedral). Junto al resto de fuentes y pilares, configuraban así una ciudad donde el agua era abundante y, de forma insólita y al contrario que la mayoría de las ciudades, la ciudad abastecía a los campos cercanos y no a la inversa. La procedencia de estos manantiales se situaba en el cerro de Santa Catalina, que se supone un inmenso almacén natural de agua.
A esta riqueza habría que sumar los arroyos que surcaban la ciudad, cruzados por numerosos puentes, como en la calle Arroyo de San Pedro, que establecían un paisaje urbano sin duda radicalmente distinto al que hoy conocemos.
El agua configuraba la ciudad. Así, cada barrio contaría con su aljibe que ya en época cristiana, sobre todo durante el renacimiento, se sustituiría por su pilar o fuente, en muchos casos de carácter monumental, adosada por lo general a una pared, de donde los vecinos se abastecerían y en la que abrevarían las bestias.
A partir de este momento, la ciudad precisaría de nuevos espacios centrales en los que situar vías más amplias de circulación y los cauces de los arroyos se abovedarían, para dar lugar a las calles que hoy conocemos.
Para nuestros días esos manantiales ya se secaron o sus aguas ya no son superficiales. Hoy las fuentes que han sobrevivido a un exacerbado crecimiento urbano se abastecen de la red de distribución pública y, cuando las restricciones lo permiten, emanan agua perfectamente potabilizada. Un inadecuado sentido de la construcción moderna ha ido afectando a la capa freática, donde se almacenaba tanta agua, hasta agotarla o desviarla.
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